Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya
En la pasada reunión de nuestro grupo de adultos mayores, asistimos 43, Guillermo propuso, que escribiéramos en la hoja de papel que nos entregó, una palabra que tenga poder, o signifique mucho para cada uno. Se exceptúa el nombre propio. De las palabras propuestas, el equipo escrutador, seleccionó las que más se repitieron, Amor, perdón, gratitud, paz, reconocimiento, confianza, salud, servicio, respeto, conciencia, libertad, cambio, tiempo.
En reuniones anteriores hablamos del “país de los adultos mayores”, y la verdad empezamos a sentir, que habitamos en un mundo incluyente, respetuoso de los límites, en confianza, con propósitos claros, objetivos alcanzables, en las motiladas que nos faltan y expertos en resolver conflictos. Pues ya no estamos alquilando ni prestando problemas y superamos, nos recuperamos toralmente, de la adicción química a las preocupaciones propias y ajenas. En esta sesión, Luis Fernando, el moderador, recorrió todas y cada una de las palabras seleccionadas para al final quedarse con dos, que propuso, servirían como paradigma, o punto de partida, para posteriores tertulias.
El amor en estos tiempos de senectud es un barril sin fondo, complaciente, alcahuete, proveedor, manos que acarician al igual que regalan, entrega total sin reparos. Muy diferente al que se prodigó a los hijos, poco respeto por la paternidad o maternidad, “es muy agradable hacerlo cuando ellos no se dan cuenta”. Y siguieron otras acciones y travesuras que todos compartimos, en especial en nuestra condición de abuelos. El perdón y la gratitud, son nuestro primer y segundo apellido. Muchos de nosotros conocimos de primera mano la violencia, la ausencia total de la paz, perdimos familiares, en procura de alcanzar algo estable y duradero. Hemos sido muy reconocidos por nuestros servicios prestados a la comunidad quindiana, lo cual nos mereció un bien ganado respeto y un peldaño en la sociedad nuestra y sujetos de confianza de directivos y compañeros de trabajo. Hasta hace poco hablábamos muy bien de la salud, hoy tenemos que coger con pinzas este espinoso asunto y saber que estamos en manos de Dios, porque los dispensarios y las EPS sobrevivientes, dejan mucho que desear, mejor cada cual, habla de cómo le fue en la pasada cita médica y entrega de medicamentos.
Claro, fueron mucho más extensas las paradas en cada palabra, aquí las resumimos, por razones de espacio y por el ceño que me hace don Miguel.
Quedaron en la palestra dos palabras, conciencia y libertad, que entre otras cosas fueron propuestas por un grupo de practicantes de las ciencias esotéricas, la meditación profunda, el yoga y otras técnicas de trascendencia espiritual. Continuó el compañero Luis Fernando, enfatizando en la necesidad de apagar el piloto automático en el cual vivimos la mayor parte del tiempo, ser conscientes de nuestra realidad, en que parte de la vida estamos y hacerlo en libertad. Conciencia y libertad.
Estar pendiente de la salud es enfermizo, creer que estamos enfermos es patológico, pero ser conscientes del estado físico es saludable. Estar aquí y ahora, dejó de ser una frase de combate, de cajón, para convertirse en un imperativo de la vida moderna, vivir los 90 minutos de este crucial partido, en el monumental estadio de la existencia. Agradeciendo a Dios, practicar ejercicio con propósito, nuevos ingredientes en la dieta mental, sirviendo con generosidad. Gestionando con eficiencia y eficacia las emociones, teniendo comportamientos agradecidos y llegando al descanso, otra vez con objetivos definidos. El solo leerlo da paz, pero confronta, hay que hacerlo y lo agradable es que tiene vigencia, “solo por hoy”.
Ser consciente de los limites que el calendario nos impone, porque Dios está en nosotros, no ha cambiado, es dinámico, no se agota, sin fecha de vencimiento, ni sellos de MinSalud, no se reserva el derecho de admisión y está al alcance de los menores de edad. Hace rato dejó de ser un misterio, para convertirse en compañero y guía, es el mismo hoy, ayer y siempre, es igual al que nos inculcó la abuelita, porque el abuelito, muy poquito, era un arriero. Naciendo de nuevo cada día, siendo protagonistas de la vida, no espectadores. Lo definitivo, somos personas de 24 horas, lo único eterno es este instante y ya pasó.
Y de la mano de ser consciente caminan los seres libres, solo la libertad de conciencia, promueve, trasciende, progresa, genera confianza. En estos minutos de alargue de nuestro partido existencial, le pedimos al Árbitro Supremo, y al Var, nos permita vivirlos libres de apegos, de ataduras, de relaciones toxicas, de compromisos absurdos. Que tengamos siquiera, un medio tiempo tranquilo, sin tener que hacer mandados, sin mirar el reloj, solo para los remedios, y esperar el pitazo final sentado con amigos en la panadería del frente, con una sonrisa grande, porque metí los goles necesarios para clasificar a la final.
Cómo sería de verdad, que llegara un hada madrina y nos dijera, “tienes 45 minutos para hacer lo que tú quieras, lo qué te dé la gana”, qué haríamos.
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