Por Manuel Gómez S
Lumumba, quien se convirtió en primer ministro con solo 34 años, fue fusilado por un pelotón con el respaldo de autoridades belgas y su cuerpo fue descuartizado y disuelto en ácido.
Yo era muy pequeño cuando escuché hablar de Patricio Lumumba. En esa época no había televisión mundial y lo que veíamos o escuchábamos era poco relacionado con el tema.
En clase de historia y geografía, el profesor Emilio Noreña nos enseñaba todo sobre los países, su ubicación, capitales. Así mismo, las guerras tribales en África eran conocidas y el docente nos contaba acerca de ellas.
Más adelante, recuerdo a Biafra, un pedacito al sur de Nigeria. Biafra se independizó de Nigeria en 1967, pero en 1970, volvió a ser parte de Nigeria.
Y de Patricio Lumumba aprendimos más en bachillerato. Estudió en una escuela católica y luego en una protestante y fue un destacado estudiante.
“El ministro del Congo de la época, Auguste Buisseret, quiso hacer evolucionar al Congo y desarrollar una enseñanza pública. Lumumba se afilió al Partido Liberal con otros notables congoleses y, con varios de ellos, acudió a Bélgica por invitación del primer ministro».
“En 1958, con ocasión de la Exposición universal, algunos congoleños fueron invitados a Bélgica. Indignados por la imagen degradante de su pueblo que mostraba la exposición, Lumumba y algunos compañeros políticos aumentaron los contactos con los círculos anticolonialistas. Tras su retorno al Congo, creó el Movimiento Nacional Congolés (MNC) en Léopoldville (actual Kinshasa), el 5 de octubre de 1958, y con tal nombre, participó en la Conferencia Panafricana de Acra, que fue un punto de inflexión política esencial para él. Se reunió, entre otros, con el francés nacido en La Martinica Frantz Fanon, el ghanés Kwame Nkrumah y el camerunés Felix-Roland Moumié, quienes tenían en común que destacaban los efectos nocivos del regionalismo, el etnicismo y el tribalismo, que, a su juicio, socavaban la unidad nacional y facilitaban la penetración del neocolonialismo. Al final de la conferencia, Lumumba fue nombrado miembro permanente del comité de coordinación. Consiguió organizar una reunión para dar cuenta de dicha conferencia, durante la cual reivindicó la independencia delante de más de 10 000 personas. Describió el objetivo del MNC refiriéndose a «la liquidación del dominio colonialista y la explotación del hombre por el hombre»”

El nombre de este personaje es Michel Kuka Mboladinga, aunque millones de aficionados ya lo conocen como «Lumumba Vea», la famosa «estatua humana» de la República Democrática del Congo. Pero detrás de esa imagen viral existe una historia mucho más profunda.
Desde hace más de diez años, Michel ha dedicado su vida a honrar la memoria de Patrice Lumumba, líder independentista y símbolo de dignidad, resistencia y orgullo nacional para el pueblo congoleño. Antes de cada partido realiza una preparación poco común: entrena durante casi 45 minutos permaneciendo completamente inmóvil.
Después, cuando rueda el balón, sube a una pequeña plataforma y mantiene la misma postura durante todo el encuentro. Noventa minutos. Sin moverse. Sin sentarse. Sin importar el calor, el cansancio o la tensión del partido.
Para muchos parece un simple espectáculo. Para él es una misión. Cree que su silencio transmite fuerza. Que su disciplina inspira a los jugadores. Que su inmovilidad representa la resistencia de un pueblo que nunca dejó de luchar por su identidad.
Mientras otros aficionados apoyan con tambores y cánticos, él lo hace con algo mucho más difícil: una voluntad inquebrantable. Su imagen dio la vuelta al mundo durante la Copa Africana de Naciones y ahora ha cruzado océanos para acompañar a la selección congoleña en el Mundial.
Y aunque miles de voces llenan el estadio, muchos vuelven la mirada hacia ese hombre inmóvil que, sin pronunciar una sola palabra, cuenta una historia de memoria, orgullo y lealtad.
Porque a veces el apoyo más poderoso no nace del ruido. A veces, nace del silencio.
Y en medio del estruendo de un Mundial, la «Estatua Humana» del Congo nos recuerda que algunas de las historias más grandes del fútbol no ocurren dentro de la cancha, sino en el corazón de quienes nunca olvidan quiénes son.
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