Por Manuel Gómez S
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La ceremonia de grado se realizó en el Aula Máxima Camilo Torres de la Universidad del Quindío, el 14 de diciembre de 1973. Por los docentes, hablaría el profesor Víctor Villa y por los graduandos, mis compañeros me pusieron la tarea.
En la anterior nota («Un gran recuerdo«), me referí a las palabras del profesor Víctor Villa.

Abajo: Gustavo Grajales, Oscar Ramírez, Henry Espinal. Manuel Gómez, Edelberto Arias. Alberto Chamat.
Y estas fueron mis palabras en el grado como Licenciados, el 14 de diciembre de 1973:
“Con los corazones unidos por la satisfacción, culminamos hoy cuatro años de sacrificios e intenso estudio.
Al recibir esta licnciatura nos sentimos orgullosos, porque nos adentramos ahora a luchar con una comunidad, a estar con ella, a convivir con ella y vamos a educar jóvenes que buscan, al igual que nosotros, un cambio.
Somos nuevos licenciados para una nueva juventud; para una juventud que batalla, es constante, dinámica y comprende que el hombre debe partir de hechos concretos para llegar a hechos concretos.
Somos, a partir de hoy, los maestros de una juventud que quiere educarse y en proporción, a un mundo cambiante y no ceñirse a una sociedad estática.
Estamos comprometidos con la educación; somos problematizadores de la misma; buscadores de horizontes nítidos para una juventud que quiere, a toda costa, ser más, porque ese ser más, perteneciente a cada indivíduo, hace que veamos con mayor claridad, nuestra misión.
Hoy, culmina otra etapa en nuestra vidas y nos sentimos tan complacidos como nuestros profesores, que ven realizada gran parte de otra de sus obras, de la cual seremos continuadores porque llevamos en nuestros corazones un ideal grande y noble: educar.
Y al despedirnos de la Universidad del Quindío, sentimos alegría y tristeza. Alegría, por cuanto somos consciente de nuestro ideal y nos sentimos colaboradores en la construcción de un mundo mejor.
Tristeza, porque luego de estos años de convivencia, estudio y lucha, hemos de decirnos hasta luego; un hasta luego obligatorio, pero con cariño. Es una despedida que nos hace añorar, pero imposible de evitar.
Hemos aprendido muchas cosas nuevas; hemos aprendido a conocer los distintos ángulos de la vida, gracias a la visión nueva de la educación que, cada uno de nuestros profesores, nos ha mostrado.
Por tanto, como nuevos educadores que emprendemos, desde este momento, una árdua tarea, agradecemos de corazón las enseñanzas recibidas de todos y cada uno de los profesores que, semestre a semestre nos han inculcado que la educación se hace en comunidad y con la comunidad.
Esperamos, en verdad, cumplir con la misión que se nos ha encomendado en procura de lograr un mañana mejor.”
Manuel Gómez Sabogal
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