2 hábitos que hacen la vida mucho más feliz


Traducido por Luis R Castellanos de Psychology Today


La búsqueda de la felicidad es un viaje de vida que trasciende fronteras, culturas e idiomas. Para muchas personas, es lo único y singular que esperamos lograr con nuestras vidas, al menos. Pasamos años buscando el hábito, la mentalidad o el hito correcto que finalmente nos traerá una felicidad duradera.

Sin embargo, al mismo tiempo, la felicidad puede parecer increíblemente esquiva. Se representa de innumerables maneras y se asocia con innumerables cosas. Dinero, familia, carrera, amor, éxito: se nos muestran muchos caminos diferentes para encontrar la felicidad. Pero después de pasar años persiguiéndolos, muchas personas descubren que no son tan felices como imaginaban.

Parte de la razón es que lo que constituye felicidad en una parte del mundo no necesariamente se traduce en otra. El individualismo occidental versus el colectivismo más amplio, combinado con las innumerables diferencias que hacen que cada persona sea única, hace que sea extraordinariamente difícil prescribir un camino único y universal hacia la felicidad.

Sin embargo, a través de décadas de investigación y estudios psicológicos transculturales, los científicos han logrado avances notables en la identificación de varios predictores de la felicidad que parecen trascender las fronteras culturales. A continuación te presentamos dos de ellos y cómo, independientemente de quién seas, incorporarlos a tu vida diaria puede hacerte exponencialmente más feliz.

En un estudio de 2018 publicado en The Journal of Social Psychology, unos investigadores analizaron si una intervención de siete días basada en actividades de amabilidad aumentaba la felicidad subjetiva de los individuos; concretamente, evaluaron si distintos tipos de actos amables producían efectos diferentes en la felicidad.

En el estudio, se pidió a 683 participantes de 29 países que realizaran y observaran actos de amabilidad hacia personas con las que mantenían vínculos sociales fuertes o débiles, así como que llevaran a cabo actos novedosos de amabilidad hacia sí mismos. En general, los autores descubrieron que realizar actividades de amabilidad durante siete días aumentaba la felicidad de manera constante. Además, observaron una correlación positiva entre el número de actos amables y el incremento de la felicidad.

Quizás lo más interesante es que los efectos no variaron entre los distintos grupos experimentales. En otras palabras, no importaba si los actos de amabilidad iban dirigidos a amigos cercanos, conocidos o a uno mismo, ni si se trataba de actos observados; la amabilidad, en todas sus formas, tuvo efectos igualmente positivos en la felicidad.

Los actos sencillos de amabilidad no tienen por qué ser empresas enormes o costosas. De hecho, algunos de los gestos más significativos suelen ser los más simples. Prueba lo siguiente:

  • Envía un mensaje afectuoso a alguien con quien no hayas hablado en un tiempo.
  • Haz un cumplido sincero a un compañero, amigo o desconocido.
  • Sostén la puerta para alguien o ayúdale a cargar algo pesado.
  • Interésate por cómo está un ser querido que pueda estar pasando una semana difícil.
  • Deja una reseña positiva sobre un pequeño negocio que te guste.
  • Dona libros, ropa o artículos del hogar que ya no utilices.
  • Deja que alguien se incorpore al tráfico o cede tu turno en una fila.
  • Realiza un acto de amabilidad hacia ti mismo, como reservar tiempo para descansar sin sentir culpa.

Cuando se integra en la rutina, la amabilidad como hábito diario puede generar una mayor sensación de propósito, conexión y satisfacción vital. Estos hallazgos ofrecen una esperanza muy necesaria, ya que la felicidad no es algo que haya que esperar para sentir. Ahora mismo, en este preciso instante, tienes la opción de crear felicidad activamente a través de la forma en que te tratas a ti mismo y a los demás.

La amabilidad demuestra el poder de nuestra naturaleza social. La actividad física, por otro lado, refleja el poder oculto en nuestra propia biología. Entre muchas otras cosas, el cuerpo humano evolucionó para moverse. Y existe una gran cantidad de estudios que demuestran que nuestro bienestar psicológico está estrechamente vinculado a ese movimiento.

Según una revisión sistemática de 2018 publicada en el Journal of Happiness Studies, la actividad física se correlaciona sistemáticamente con la felicidad en diversos países y regiones. De los más de 1100 registros recopilados, los investigadores analizaron 15 estudios observacionales (13 transversales y dos longitudinales) y ocho estudios de intervención (seis ensayos controlados aleatorizados y dos ensayos no aleatorizados).

En general, los autores concluyeron que las personas solo necesitan unos 10 minutos de actividad física a la semana —o un día de ejercicio semanal— para aumentar sus niveles de felicidad. Dos de los ensayos controlados aleatorizados incluyeron a adultos mayores e incluso a supervivientes de cáncer, y descubrieron que tanto el ejercicio aeróbico como los ejercicios de estiramiento o equilibrio eran eficaces para mejorar la felicidad.

La buena noticia es que obtener beneficios de la actividad física no requiere una suscripción costosa al gimnasio, equipo especializado ni una capacidad atlética de élite. Algunas formas accesibles de empezar incluyen:

  • Dar una caminata a paso ligero por el vecindario
  • Seguir un video gratuito de yoga o estiramientos en línea
  • Bailar al ritmo de tu música favorita en la sala de estar
  • Usar las escaleras en lugar del ascensor siempre que sea posible
  • Salir a pasear en bicicleta con amigos o familiares
  • Hacer una rutina breve de ejercicios con el peso corporal en casa
  • Hacer jardinería, limpiar o realizar tareas domésticas que impliquen actividad física
  • Caminar mientras hablas por teléfono en lugar de permanecer sentado
  • El vínculo entre el movimiento y la felicidad está impulsado por varios factores simultáneos. La actividad física estimula la liberación de neurotransmisores que mejoran el estado de ánimo y de endorfinas, las cuales generan una sensación de menor estrés y mayor bienestar emocional. El ejercicio también puede mejorar la calidad del sueño y aumentar los niveles de energía, al tiempo que fomenta una sensación de logro y recompensa.

Puede tratarse de un paseo por la naturaleza, una sesión rápida de estiramientos o la práctica competitiva de un deporte; independientemente de la modalidad, el movimiento nos proporciona un bienvenido reinicio mental.

El hallazgo más alentador de la investigación es que el umbral para obtener beneficios parece notablemente bajo. No es necesario convertirse en maratonista ni pasar horas haciendo ejercicio cada semana. Pequeñas dosis constantes de movimiento bastan para marcar una diferencia medible en tu felicidad. Y, al igual que la amabilidad, la actividad física funciona mejor cuando se convierte en una parte habitual de la vida cotidiana, en lugar de ser un esfuerzo ocasional.


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