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El Doctor Estábanos
Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amo. (Confucio)
Cada día me asombro más de la calidad educativa y de la formación familiar en relación a la ausencia de los buenos modales, la moral, las buenas costumbres, y de otras aristas que con el tiempo van saliendo a flote cuando se habla o se actúa, pero estos vacíos se observan mucho más cuando la persona llega a ser un profesional y sobre todo si ejerce la docencia.
Este es el caso del singular Doctor Estábanos, (que puede ser cualquiera que lea esta reflexión), una persona que con empeño estudió y obtuvo varios títulos, siendo el último de Doctor en…; y con el paso del tiempo dirige un departamento de… en la universidad…tal. Este talento humano se enorgullece de su sabiduría inefable, puesto que a vox populi, se jacta de exclamar cada vez que puede, que él tiene varios años de experiencias en su “esparda” y que ningún “rectol” “po decite”, le regaló los referidos títulos y que otra de sus metas es que lo nombren “Doctol Honoris Causa”…
Cuando uno escucha hablar al Doctor Estábanos, me vienen a la mente miles de cuestionantes, y las dos primeras son: como se logró formar ese feto intrauniversitario a tantos títulos violando todas las reglas del buen uso de la palabra tanto oral como escrita y cómo llegó a gerenciar este engendro académico.¿A quién o a quiénes culpo o responsabilizo? y la respuesta genera otras preguntas ¿A los padres? ¿A los maestros? ¿A la escuela? o ¿Al sistema?
Y así el alumno Estábanos, va aprobando cátedras y carreras, poniéndose togas, birretes y medallas (hasta prestadas para que crean que tiene más títulos de los que verdaderamente dicen su historia y el curriculum vitae); como si fuera a desfilar en una pasarela internacional y de repente se encuentra en un púlpito de clase, distorsionando el modelo referencial para los estudiantes y colegas. Es así como oímos y vemos como nuestros compañeros de clase en el pregrado y posgrado, hablan y se expresan de una manera tal peculiar, que dejan ver las debilidades lingüísticas y lexicales con vicios de dicción y de construcción, siendo muy pocos los que tratan de ayudar a través de una corrección fraterna o profesional, tal vez por miedo a su reacción de la corrección o porque también dudan de cómo se dice.
De tal manera que, el antiguo estudiante Estábanos, dispara cada disparate por el cañón de su boca, saliendo apresuradamente: andabanos, estabanos, hubieron, ibanos, de tras mio, arcarde, amol, nadien, entre otras; dicha conversación se convierte en un carnaval de vicios de la lengua y del lenguaje, donde pasean muy orgullosos los pleonasmos, barbarismos, anfibologías, solecismos, apocopes, paragoges, queísmos y dequeísmos, vulgarismos, muletillas, monotonías, arcaísmos, sonsonetes, impropiedades, coprolalias, y pare de contar , con ello asesinando la decencia de la docencia.
Para este tipo de situación es recomendable acudir a la corrección fraterna, aquella que se hace con amor, con verdad y humildad y no de aquella supuesta corrección en la cual se trata de humillar, reducir al otro y que de modo enfermizo da un placer cada vez que la persona se equivoca para ir tras su corrección.
Es imposible corregir o guiar al otro sin caridad, puesto que el amor fraterno es como una anestesia que ayuda a recibir el diagnóstico y la cura, por tal motivo se debe llamar al Doctor Estabános aparte y tener una conversación de altura, con mansedumbre, o sea hablarle con mucho respeto y seguridad; decirle en esa conversación la verdad, que él tiene muchas equivocaciones cuando se expresa, pero hay que decirle la verdad, quiere decir que hay que indagar si todo lo que se comenta a espaldas de él es auténtico o son exageraciones.
De la misma manera, se debe orientar con humildad, es decir no reducir al otro y no llegar con prepotencia como si fuéramos el experto de los expertos, sino que más bien, todos tendemos a equivocarnos y que estamos abiertos a aceptar cualquier corrección que se nos haga para ir creciendo como personas, como profesionales y como organización. Es aquí el momento de activar la sinergia y colocarnos en el lugar del otro, y pensar si fuéramos nosotros quienes tuviéramos esa debilidad, no nos gustaría que nos ayudaran…
Nerio Ramírez Almarza
nerioramirezalmarza@gmail.com